Teófilo Torres en NYC / “A mis amigos de la locura”: o el encuentro con el loco que nos presenta las cinco patas del gato colonial

Teofilo Torres en su monologo “A mis amigos de la locura” Bellas Artes de Santurce – Del 25 al 28 de junio del 2009
En Puerto Rico el loco está que hace orilla. Hablo en broma-casi-en-serio, dado que la salud mental es un asunto importante que merece ser atendido urgentemente, aunque pienso que quien es criado en ‘la colonia’ tiene por obligación y aceptación un grado de locura intrínseca.
Hacen más de 35 años los artistas Ernesto Ruiz Ortiz y Teófilo Torres habían problematizado este asunto de la salud mental boricua mediante el escrito y puesta en escena del monólogo “A mis amigos de la locura”. Hoy en el 2015 Teófilo presenta su monologo en el barrio en Nueva York y parecería que el personaje del “loco” es ya una parte de su persona. Se puede notar como la locura es manifiesta en naturalidad con la que fluye la manía que refleja con su cuerpo, en los tics repetidos de su acto y en el abrigo desmenuzado producto de un actor dedicado.
En un comienzo, para un puertorriqueño cualquiera el personaje del loco podría recordarle a ese tío veterano que se quedó tostao con Vietnam más sin embargo como un cáncer de la mente o como un diagnostico colectivo la locura de este personaje se comienza a sentir bien cercana, casi incomoda. Es preciso que en más de una ocasión uno cante al unísono “el loco soy yo, si señor”.
Hay algo de poético en el dialogo del monologo, algo así como si Ruiz Ortiz, siendo psicólogo, haya entendido mediante un estudio Lacaniano, que la locura es una composición metafórica de la condición humana. También hay algo político que propone y dispone la relación psicólogo paciente como una altamente colonial y paternal y en la cual el puertorriqueño asume su clásico papel de mañoso o truquero. Es visible como el personaje principal vira tortillas y cuestiona las presunciones sobre poder que son la normativa en el diván terapéutico. Este evento es evidente mediante la manera en la cual Teófilo Torres nos hace pensar y casi convence que el papel del “otro”, el terapeuta está siendo actuado por algo (un ente invisible que resulta visible para espectador). Quizá es esa una de las magias que Teófilo Torres ha logrado por su experiencia de haber presentado el personaje durante tanto tiempo.
Como psicóloga social-comunitaria puedo apreciar una crítica clara a la categorización y diagnóstico clásico de la piscología clínica y la psiquiatría dado que el personaje no presenta síntomas particulares de una psicopatología particular, sino que hay una mezcla indirecta de clichés sintomáticos. Los artistas que presentan esta pieza, en sus ramas particulares, presentan al unísono un imaginario de lo que es la locura, como diciendo “de músico, poetas y locos, todos tenemos un poco” y aquí se presenta un poco de todo para que todos se reflejen en el espejo del “otro”.
La “otredad” interesantemente presenta un juego del ser que se reparte durante la obra como cambio de sombreros. Primeramente, el espectador es el “amigo” del loco, el amigo de la locura, vamos. Este “amigo” tiene un papel claramente establecido por el loco, ser, luego de escuchar el relato, el juez de su locura. El “amigo” poco a poco pasa a ser el loco, o al menos se logra identificar con el mismo, ya que el dialogo que al principio es “oscuro” comienza a hacerse familiar, las contradicciones sociales de Puerto Rico y el dolor colectivo del ser un marginado se siente en las frases demasiado cercanas de nuestra cotidianidad. Todos y todas hemos buscado las mil patas al gato, casi ninguno las hemos encontrado. De momento y siendo el loco, siendo Teófilo y Ernesto y tu tío veterano y el teco de la esquina y la que habla sola en la farmacia y siendo todo Puerto Rico enfermo de historia y siendo tú; ves a Cristo hablándote desde un cuadro y se rompe la magia. Cuando el loco manifiesta su esquizofrenia pasa de ser cuerdo a loco de nuevo y el espectador pasa a ser más que el juez, convirtiéndose en psiquiatra. La locura del otro ya no es familiar o deseada pues es doloroso pensar que hay un pedazo esquizofrénico en el yo que busca ser redimido ante un Dios.
Es esa circularidad del monólogo que presenta un cuadro perfecto de las tres ideas Freudianas que componen el ser; id, el yo y el súper-yo en un paquete colonial identificado por la entidad colectiva invisible de una loca; la isla de Puerto Rico. Puerto Rico es esa loca-cuerda que en manifiesta el id del ideal independentista; con su romance de hacer lo que le da la gana y liberarse de las garras del poder, el yo del estado-librismo; comprometiendo una parte de la locura y enredándose en la sumisión de una relación de control y normatividad, y el súper-yo; o el deseo de ser más gringo que el gringo, el deseo de ser el otro y manifestar el ideal del norte, convirtiéndose en Tío Sam.
El loco-isla de la obra cuestiona los supuestos tan glorificados de una salud mental inefectiva trayendo en forma poética el absurdo de las ideas tradicionales de salubridad y propone de cierta manera el romper con esa confidencialidad que coloca la terapia en un espacio privado. Al exponer la locura en el libro y en el teatro los artistas sacan la locura al espacio público. Este espacio no es el del loco de la avenida 65 Infantería a las 5 de la tarde que te pide pesetas, sino que, en el espacio público del teatro, donde la obra pide reflexión, análisis, disfrute o tedio.
Es casi imposible pensar que la salud mental en Puerto Rico hoy esté en la posición casi igual que hacen 35 años. La vigencia de la obra y sus propuestas de sacar las conversaciones del diván a la cotidianidad y que se destape la locura colectiva de la colonia para resolver, entender y aceptarnos es tan inminente hoy como lo fue entonces. Si es cierto que el monologo tiene asuntos jocosos y que nuestra locura colectiva cobra momentos de comedia, también es cierto que la seriedad sobra cuando atamos la locura a la violencia que vivimos a diario, a los delirios de grandeza de nuestros políticos y a las masas de jóvenes que nos auto medicamos buscando redención. Mi pregunta es la siguiente, amigos, ¿cuál es su veredicto final, estaremos locos y locas?

Morcilla

Nos enseñaron que la oscuridad es temible,

que negro es el color de cosas terribles

y que la meta era “mejorar la raza”…

Nos enseñaron que no se llevan negros más negros que una a la casa

y que con químicos se deben “apaciguar las pasas”.

En Puerto Rico no hay negros,

dicen,

aquí solo hay espectros de lo que pasó; aquí no hubo esclavos, no hubo pasado lleno de dolor,

aquí todo se tapa con el blanco manto de la indiferencia, la vagancia e inacción.

Aquí Pales Matos es un héroe blanco que a la negra Tembandumba con su prosa visibilizó.

Aquí la poesía es negroide, como si lo negro fuese humanoide y no humano.

En mi país si eres negro te hablan inglés; como si fueses extranjero en tu propio suelo,

te tratan de convencer de que eres indiecito y no negro,

de que tu tez es café con leche o color caramelo.

Aquí en mí mismo suelo, si eres oscuro te creen dominicano y foráneo,

te creen haitiano, Africano, jamaiquino o afro americano,

si vives en la isla; de seguro vienes de Ponce, Naguabo o de Loiza.

Aquí todo lo negro es morcilla,

toda la negritud es la misma,

toda negra baila Bomba,

hace trenzas,

toca tambora…

Aquí los dreads y el afro se consideran moda y el alisado es una legítima entrega ante la norma.

En Puertorro las caras negras son las caras lindas

pero lejanas

y son pocos los que aceptan que llevan afro historia en sus venas

y cafreria genuina en sus entrañas.


African_slave_ship_diagram 

Los ancestros se retumban en las tumbas del mar Caribe donde fueron dejados a un lado,

las abuelas no se encuentran ni en un plato mal preparado,

las narices se operan,

las caderas se tapan,

la música se olvida,

los latigazos, el robo, el saqueo, las violaciones, los malos tratos y las burlas

se callan.

ssshhh…

¡Aquí no hay racismo, si todos somos iguales!

¡Aquí no hay maltrato si los negros también valen!

¡Aquí no hay encubrimiento si le damos oportunidades iguales!

Aquí el negro es deportista, conguero, estilista, barbero, obrero de la caña, sabor borriqueño, las mujeres sabrosas y los hombres valientes soldados, de sangre guerreros.

¡Aquí sí que estamos orgullosos de nuestra raza!

Aquí los negritos y negritas tienen oportunidades para demostrar su tabula rasa.

¡Sin un negro no hay bembé!

¡Sin una negra no hay sazón en la cocina!

Aquí no hay racismo y que te quede claro, los negros y los blancos en Puertorro somos como hermanos.

¡Si total mira el color de las palmas de las manos!

Pulpa Amarga

Las flores desbordadas de mis labios se mezclaron con la miel del desengaño y la saliva paso a paso fue rindiéndose a un abrazo eternamente febril contagiado de ilusión; sus pétalos desojándose en gemidos;Flickr_-_Whiternoise_-_Dead_flowers,_Pére_Lachaise_Cemetery intentos inauditos del deseo forzoso y el esbozo fantasioso de un firmamento sin visión ni alusión alguna que no fuese la cuna de una mente interna, producto craso del dibujo en falso de una musa ardiente que únicamente en perfumes se siente careciente de atención. Les presto las flores secas de mis babas faltas rotas de rocío, capullos necios refugiados en vacíos, sembradíos en tiestos nefastos, ásperos huertos abastecidos de quebranto- semillitas tristemente sementales necesitadas de caricias, carecientes de gracia-hijas frutos de desgracias. Son mis retallos horripilantes filamentos descoloridos brotados del hastío que nace en mi garganta-pulpa amarga y se asoma por mi lengua resabiosa desnudando la comisura sigilosa de mi boca rota y tonta, loca y lenta, boca paridora de atrevida afrenta que interesa y piensa que algún día llegara el prometido amor.

Canto del esclavo “liberto”

Babalu ayeé, mi canto
Babalu ayeé… mi canto ta…

Estos esclavos libertos que tío Sam ha liberado porque no le sirven en batalla y a su ofrenda ha condenado me rondan…
Estos esclavos libertos que a la jaula han enviado, cociéndole narras sin rostro y olvido despiadado me colmenan…
Estos esclavos libertos, a los que le llaman veteranos, nos rodean las historias, hospitalillos y pantanos, la historia oscura de Borinquén, las drogas originadas en batalla, la vida desmoldada en un instante, el cuerpo desfigurado en constantes…
Los ritos que nos llaman a ser hombres, las condecoraciones deseadas desde niño, las pensiones, los invictos y los ritos que amarran al asome a los sin nombre…

 

Las pensiones que nos dejan esos frontes, convivencias desertadas de las almas, las promesas, las figuras, los ignores, las corridas, los desmadres, las sin flores. Nada de eso importa ahora, cuando nuestra gente carece de informes, cuando mezclan la actitud con la derrota, las promesas siempre salvas, aunque rotas. . .

Esos esclavos libertos que dio de alta tío Sam por darlos tristes, devolverlos a la patria en escondite o con decoraciones mencionadas en la nada, esos esclavos invictos que Tío Sam da por perdidos y por tibios, esos esclavos libertos que se aprenden a coraza los poemas de lloren y de Tio y de sus tías, que recitan coro a coro y frente a frente el saludo a la Bandera con deleite….
Esos pensionados astutos que fingieron ver de hoy cerca su luto y condenados a ser locos prefirieron drogarse y mafutearse hasta difuntos, perfumarse y drogarse hasta barrunto… esos locos, locos sanos, infectados del descaro de una patria ajena que los usa, una patria de otro que les cruza, un patrimonio, una bandera que es difusa, entregarse a una confusión ajena y obtusa, enfrentarse a la condena de una ruleta rusa…
Esos locos, locos cuerdos, esos cuerpos telaraña, esos cuerpos, locos cuerdos, esos víctimas de un desacuerdo, esos agentes naranja que fungen de verde maraña, esos tipos, los rendidos, los acordados a un engaño, redimidos…
Pa ellos estos cantares, pa los veteranos del desmadre, pa sus padres y sus madres, hijos péquennos sin padre… para los muertos, para los vivos, para los que su sangre derramaron redimidos, para los pobres, humildes hijos, para los hijos de Vietnam ya deprimidos, para los guerrilla que sangre ardían por su pueblo engaño, por su gente herida. . .

Para estos va mi canto, para quienes huyen del espanto de tener que amar a otro, de tener que amarlo tanto que se convierte en tu gente, que se torna tu hermano… para los que desesperados buscan tanto, encontrando tan poco que tocan el fondo y encuentran la nada, la trama, el sin fondo…

Para nuestros Veteranos Puertorros que a fuerza de valor, coraje y pitorro enfrentaron a un mundo ajeno, lejano y sordo… y hoy duelen, duelen, duelen y quieren , quieren, quieren, a su Borinquén, querube y mentes… aunque sean los remanentes de lo que de ellos desciende.