La lucha contra Tempo o de cómo se criticó al Narco-hampón

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                       Recientemente vimos la excarcelación de uno de los raperos más influyentes de Puerto Rico. Sea porque lo aman o porque lo detestan; todos en los géneros del Hip hop y Reggaetón boricua lo conocen. Fueron muchos los artistas que cogieron pon en el autobús de la campaña por su excarcelación y también muchos los que fueron encarcelados a raíz de su anunciada libertad. Héroe para algunos, chota para otros, pasado de moda en instancias, quien sento pautas del juego en otras, sin importar lo que digan no hay duda de que Tempo es uno de esos seres que le rodea la controversia.

Muchos consideran que Tempo y el difunto Buddha recogieron los restos de lo que cosecharon cuando eran mafiosos y rapeaban sobre sus ventas multimillonarias, otros alegan que sus liricas eran el mero reflejo de lo que se vive en la calle y que para nada tenían ellos que ver con el asunto. A su debido tiempo ambos tuvieron que enfrentar la ley por cargos que aludían a meras liricas musicales.

De todos los raperos de la época, Tempo fue el único que se atrevió a decir que el mundo lo controlan los Judíos y que los fiscales y jueces le hicieran sexo oral en la sala del juicio, usando liricas de sus canciones. Fue de esta manera que se comenzaron a perder los millones prometidos por la disquera Sony y a disminuir la fama del Buddhas Family, primer grupo que se codeaba con la fama internacional del reggaetón y el hip hop Puertorriqueño. Una vez comenzara a ocurrir esto los únicos artistas que subieron a la fama internacional fueron aquellos que hablaban sobre dinero, marcas famosas, trivialidad y sexismo. Lejanos quedaron los días donde Tempo retaba a las autoridades abusivas federales auspiciado por los millones de la Sony, dejando solos a raperos de vanguardia quienes no aspiraban a ser famosos, ni tener millones, cosa, que aunque positiva, endurece las posibilidades de transmitir mensajes de manera rápida.

Apoyar la campaña de Free Tempo no es lo mismo que apoyar el contenido de sus liricas. La campaña de Free Tempo era y debió ser una lucha por defender la libertad de expresión y por lograr el derecho a decir lo que queremos, no solo en los medios artísticos, sino que en general. Si apoyas la condena de un artista, al cual solo se le tomaron sus liricas como evidencias para la encarcelación, entonces apoyas un sistema sucio que atrapa a quien quiere a conveniencia y exonera a muchos que en realidad son culpables.

Hoy veo personas (a quienes respeto su modo de hacer artes) juzgar el proceso de la salida de Tempo y su reinserción a la libre comunidad y siento dolor al ver que caen en lo mismo que critican. Si es cierto que es dudosa la forma en la cual salió el artista y que hay muchos rumores de que vendió información a cambio de libertad, también fue dudosa la manera en la cual fue encerrado de primeras instancias. Es fácil juzgar a Tempo, pero pocos juzgan el sistema entero donde una persona puede ser llevada a juicio por un contenido artístico, donde alguien puede vender información a cambio de libertad y donde hermanos/as son obligados/as a darse la espalda en beneficio de terceros. El mundo en que vivimos pone a prueba nuestras solidaridades y nosotros mismos las traicionamos a gusto y gana, independientemente de los ideales que tengamos.

Además de ver que el sistema judicial no sirve es interesante ver como es la vida post-judicial. Da pena y rabia ver como tratamos a las personas ex convictas en nuestras sociedades. Ir preso es sinónimo de cumplir con una multa o con una responsabilidad social que surge a raíz de unos parámetros dados (se supone el tiempo que cumples va de acuerdo con el crimen que cometes) sin embargo para muchos salir de cárceles y prisiones es solo entrar en una prisión mayor, donde todos te juzgan, te desprecian y desconfían de ti. La reinserción social es un mito y un problema que enfrentan muchas personas dentro de nuestras comunidades moralistas y anticuadas. Es lamentable ver como la misma comunidad marginada del “hip hop” a su vez margina y critica a uno de sus miembros por ser ex convicto.

Si hay algo que no comprenderé jamás es como la comunidad internacional de raperos y raperas abraza la guerra y la tiraera como si fuera algo personal de vida o muerte. Son estas tiraeras y guerras estúpidas las que nos impiden que logremos unidad real para identificar los verdaderos enemigos de nuestra arte. El problema entre dos raperos no debe ser si coinciden en los temas preferidos o si uno le robo una línea a otro, el problema radica en si estas liricas son consideradas contenido para ser marginados, apresados o perseguidos por las autoridades oficiales, o para ser censurados por los grupos moralistas. Los trovadores siempre fueron efectivos en tirarse sin tomarlo personal, aludiendo a el contenido de sus letras, criticando el mal uso de sus rimas o buscando vacilarse la situación jocosa sin llegar a la violencia. Muchos raperos usan liricas sexistas, homofóbicas y racistas para ridiculizar a sus oponentes; me parece que eso no responde a un contenido artístico ni creativo, sino que reproduce la violencia que vivimos a diario y le favorece al sistema opresor que nos asecha.

Quitémosle la cara a Tempo, póngale la cara de su rapero favorito, quítele las liricas de Narco-hampón y colóquele sus liricas radicales preferidas; colóquele una pizca de jueces sin sentido del arte, un sistema judicial viciado y veamos qué le parece a usted la campaña de “Free Tempo”, el trato post-encarcelación y la lucha por re-inserción social. Me pregunto si muchos de quienes critican a Tempo se atreverían a hacer uso de liricas radicales o tan siquiera sacar nueva música en un género que le dio la espalda por considerarlo “viejo”. Me viene a la mente si los que critican a Tempo por hablar de sus transacciones ilícitas en sus canciones apoyan a Cultura Profética por cantarle al fruto de la tierra. Condenar a un ser humano por ser víctima de una sociedad repugnante que nos empuja a todas costas a vender nuestras creencias y almas y a matar a nuestros hermanos, (sea del lado que sea; narcotraficantes o militares) es obviar la realidad contextual de nuestra gente marginada.

Este escrito no se trata de Tempo, ni de Buddha (quien en algún momento me pidió que fuese parte del Family y escribiera la historia de la forma injusta que les trataron), ni de Daddy Yanquee, ni de Jay Z (al quien en realidad deberían criticar si van a hablar de Tempo, ya que habló de su narco tráfico, jamás fue juzgado y ahora es remunerado por ser tan buen muchacho reformado tras millones sirviente del sistema para dar ejemplo del sueño americano, inalcanzable por demás) solo se trata de mí, de mi familia, de mis ancestros silenciados por el carimbo y libreta de jornada y de nuestra lucha por garantizar verdaderos derechos civiles. Este desahogo trata de la defensa de la libertad de expresión y de las artes sin censura. Este escrito se trata de fomentar el respeto mutuo entre los artistas, músicos, creadores y soñadores y buscar un dialogo que no caiga en la basura violenta que pretenden inculcar a nuestros jóvenes. Es cierto que hay música que no me agrada, música con contenido trivial o repetitivo, música popular que cansa o desanima, pero a mi entender la magia de este mundo radica en hacer algo alternativo, transgresor y libertario sin invalidar la gesta del humano que tienes al lado. Ahí hay cabida para todos y poco a poco se desarrolla en el sendero de la admiración el verdadero respeto y solidaridad humana. Y porque me parece que aun está encarcelado oye, únete y grita conmigo ¡Free Tempo!

 

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